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espejo.jpgHoy he ido de compras.
Había un vestuario de esos con mil espejos, de los que te ves perfectamente por detrás.
Dios mío ha sido increible.
Me caen dos mollejas a cada lado de la cintura tipo tetas de africana con 12 hijos.
Pero, ¿para que coño ponen esos espejos?. Yo que estaba convencida de que tenía por detrás cintura de avispa.
Ha sido tan decepcionante como aquel día en el que descubrí que no era la niña más guapa del mundo. Algo que creía desde mi nacimiento, a pies juntillas.

Fueron dos hombres los que me sacaron de mi craso error. Un dentista y un adolescente.
Ningún dentista es bueno ni noble, qué os voy a contar a vosotros, sobre todo a Ate.
Bien, pues resulta que tendría unos 11 añitos. Estábamos con mamá en casa. No se como ni porqué, se presentó un dentista en en casa.
Mamá le enseñó la dentadura de Maribel, yo envidiosa y deseosa de escuchar también de aquél desconocido lo preciosísima que era, la dentadura nunca vista y espectacular que tenía a mi tierna edad, le eché mi mejor sonrisa diciéndole
– ¿y yo? ¿yo como la tengo? abrí mucho la boca para que viera la maravilla en todo su esplendor.
Trágicamente en vez de escuchar
-Nunca he visto boca más preciosa, ni niña tan divina que la contenga, escuche:
-Es terrible, tiene todos los dientes torcidos.
Al decirlo un médico, me hizo dudar, fui corriendo a mi espejito, el mejor amigo de mi niñez, mi sonrisa se tornó en mueca, tuve un momento de verdadero dolor. Efectivamente, mis dientes estaban torcidos.

Qué hijoputas son los dentistas.

El otro hombre que me hizo ver la cruda realidad fue aquel adolescente musculado que veraneaba como nosotras en San Juan. Estaba convencida que moría por mis huesos.
Increiblemente, (pues mi belleza era incomparable), miraba más a otra, la guarrilla de la pandilla.
Atrevida, una tarde calurosa de verano, después de estar haciéndonos mil aguadillas y de paso sobándonos todo lo que podíamos, le pregunté conociendo la respuesta que solo podía ser una:
-¿quién te gusta más? convencida de que la verdad saldría de su boca. Diría que me adoraba
-Cuca, se llamaba Cuca.
No la olvidaré en mi vida. Pero si cuando bailaba, movía la pelvis como si follara, la muy zorra.
-¿porqué? le pregunté todavía dudosa con su respuesta. ¿Sería por bondad, por no hacer daño a la guarrilla que se veía enamorada hasta el tuétano de él?
-Porque es la más guapa. Mucho más que tú.

Así es como son las cosas.

Lo que durante años, fue mi compañero, mi reflejo de amor a mi misma, mi amado espejo, hoy es mi mayor enemigo y el doloroso reflejo de que la molleja, se te queda, por vieja.

Moraleja. Nunca, jamás, entréis en boutiques caras por muchas rebajas que anuncien. Seguro que el dueño es un dentista.

Mari.